Conócenos

Toda esta aventura comenzó en 2009, cuando mi gata Kira me dió un buen susto. Un día decidió que no le bastaba con su pequeño mundo, su casa, y salió a explorar el universo, es decir, el barrio.

Qué angustia pasé aquellos días en los que no aparecía por ninguna parte. Peinamos el barrio y lo empapelamos de carteles por todas partes, con la única esperanza de que apareciera sana y salva.

Días más tarde se produjo la llamada tan esperada!! Unos vecinos de unas cinco calles más abajo se la habían encontrado el mismo día que comenzó su andadura hacia rutas salvajes!! La acogieron en su casa y dos días más tarde vieron su foto en una de las farolas cercanas a su casa, y por fin, la llamada.

Dejé todo lo que estaba haciendo y a la velocidad del rayo me encontré en el portal de aquellas maravillosas personas a punto de llamar al timbre. En ese momento he de reconocer que tenía una mezcla de sentimientos contradictorios, por un lado estaba aliviada, pero por otro tenía un enfado más que considerable.

Por fin, llamé a la puerta, y allí estaba ella, en brazos de una mujer encantadora. Kira me vió y comenzó a maullar, y de qué manera!!, sólo quería venirse conmigo. En ese momento se desvanecieron todos las malas sensaciones de aquellos dos días,  el sentimiento de responsabilidad de haberme confiado dejándola sola a su aire en la terraza, la frustración de no encontrarla, el miedo de que no la volviera a ver y lo peor de todo, que le hubiera sucedido algo, o que hubiera caído en malas manos.